El precio y las condiciones de pago ocupan una página. Las cláusulas que deciden si la relación funciona ocupan las otras cuatro.
Un acuerdo marco de fabricación recurrente no es un pedido con fecha más larga. Es el manual de operación de una relación que sobrevivirá a quienes lo firmaron, y las partes útiles rara vez son los titulares comerciales.
Empiece por la mecánica de previsión: hasta dónde se compromete, con qué frecuencia se actualiza, qué parte es firme y cuál es la ventana de pedido. Después las reglas de material que se derivan. Después el control de cambios, porque esa es la cláusula que más usará.
La calidad va en el acuerdo, no en una conversación aparte. Qué normas aplican, cómo es el flujo de inspección, qué pasa ante una no conformidad y cuánto tiempo se conservan los registros. La conservación merece una frase propia: un programa de una década necesita registros de prueba que sigan existiendo al final.
Y por último las salidas poco glamurosas. Qué pasa si el volumen se hunde, si un componente llega a fin de vida, si una parte quiere parar. Un acuerdo que solo describe los años buenos no protege a nadie.
— Equipo de ingeniería de GANI Contract Manufacturing
