El stock de seguridad parece desperdicio en el balance y oxígeno en la planta. La discusión suele ganarla quien trae los números.
A compras se le mide por rotación; a producción, por salida. Cuando esas dos métricas chocan sobre un colchón de subconjuntos, la conversación rara vez trata de las cifras reales, lo cual es una pena porque suelen ser concluyentes.
El coste del colchón es conocible: unidades, capital inmovilizado, almacenaje y el riesgo de que un cambio de revisión lo deje obsoleto. El coste de una parada también lo es —producción perdida, mano de obra parada, urgencias, retrasos frente al cliente— pero se reparte entre departamentos, así que nadie lo posee.
Ponga ambos en una hoja y la respuesta suele ser obvia. Un subconjunto barato y estable con plazo largo merece colchón. Un módulo caro y sensible a revisiones con plazo corto, no: ahí hace falta un proveedor que entregue con fiabilidad.
Entre esos extremos es donde una relación con el proveedor se gana el sueldo: ventanas de pedido acordadas, un pequeño colchón de producto terminado en el proveedor y una previsión rodante que permita comprar material antes de que sea urgente.
— Equipo de ingeniería de GANI Manufacturing
