Una segunda fuente protege el suministro. Mal implementada, duplica la carga de ingeniería y reduce a la mitad la atención que recibe cada proveedor.

La segunda fuente nace del riesgo: una planta, una línea, un juego de utillaje. El instinto es correcto. La implementación habitual —entregar el mismo paquete a dos proveedores— crea un segundo riesgo más silencioso: dos procesos algo distintos produciendo dos productos algo distintos bajo una misma referencia.

La salida es tratar la documentación como el producto. Una definición liberada, un procedimiento de prueba, un estándar de aceptación, y ambos proveedores fabricando contra eso. Si uno necesita una desviación específica de proceso, se libera como tal.

Ponga en marcha la segunda fuente con un producto real, no simbólico. Un proveedor que ha fabricado doscientas unidades de una variante viva es una segunda fuente. Uno que ha hecho una muestra de una variante obsoleta es una carpeta en su sistema de calidad.

Y mantenga el reparto honesto. Una segunda fuente con el cinco por ciento del volumen no se mantiene cualificada: el proceso decae, los operarios olvidan, los utillajes envejecen.

— Equipo de ingeniería de GANI Manufacturing