Probar cada unidad suena caro hasta que se pone precio a un solo escape en casa del cliente. Entonces la aritmética se invierte, y de forma clara.
El muestreo es una respuesta racional a productos baratos, de alto volumen y estables. Los conjuntos industriales no suelen ser nada de eso: lotes pequeños, mucha variedad, y el coste de un fallo en el cliente medido en parada de máquina y no en el precio de la pieza.
El coste de probarlo todo es directo: desarrollo del utillaje, tiempo de ciclo por unidad y tiempo de operario para gestionar un fallo. En los programas que llevamos suele ser una porción pequeña del coste de transformación, y baja según madura el utillaje.
El ahorro cuesta más de ver porque es un coste que no ocurre. Un escape que llega al montaje final de un fabricante de maquinaria consume un día de dos equipos. Uno que llega al cliente final consume un viaje de servicio, una unidad de repuesto y parte de una confianza que costó años.
Hay un segundo beneficio que rara vez se contabiliza: los datos. Un registro de prueba por número de serie convierte la calidad en una tendencia en lugar de una opinión.
— Equipo de ingeniería de GANI Manufacturing
