El primer cuadro de una familia es un ejercicio de ingeniería. Del segundo al cuatrocientos es un ejercicio de documentación, y eso decide su coste.
Una familia de cuadros se vuelve rentable cuando deja de diseñarse y empieza a reproducirse. Llegar ahí depende menos de la primera fabricación que de cómo se captura: la revisión liberada, la lista contra un maestro de componentes aprobado, el estándar de cableado, la convención de etiquetado y el procedimiento de prueba que se ejecutará igual en cada unidad.
Liberamos una familia en tres pasos. Una revisión de industrialización convierte su juego EPLAN en uno fabricable, con notas de cambio acordadas. Se construye una primera pieza y se inspecciona contra esa liberación. Después se emite una hoja de fabricación, y cada cuadro posterior se construye desde la hoja, no desde el recuerdo del anterior.
Las variantes son donde las familias pierden dinero en silencio. Once variantes son manejables; las mismas once con modificaciones de obra sin documentar, no. Mantenemos las variantes en un conjunto controlado: cada una con su liberación, su lista y su cobertura de prueba.
La medida de una familia bien liberada es aburrida: durante años llega el mismo cuadro de la misma forma, un recambio del año cinco coincide con el instalado el año uno, y un cambio de revisión es un evento cotizado y liberado en lugar de una llamada.
— Equipo de ingeniería de GANI Manufacturing
