Un crimpado es una unión metálica estanca hecha en una décima de segundo. Todo lo que sabrá de él sale de un puñado de comprobaciones, bien o mal elegidas.

Las terminaciones crimpadas fallan despacio y a destiempo: una unión que hoy da continuidad puede calentarse, oxidarse y abrirse un año después bajo vibración. Como el fallo es diferido, la única defensa real es el control de proceso en el momento del crimpado.

Las comprobaciones rutinarias son fuerza de arrancamiento, altura de crimpado e inspección visual contra la especificación del terminal. El arrancamiento detecta subcrimpados groseros. La altura detecta deriva del utillaje antes de que se convierta en fallo. La visual detecta lo que ninguna cifra ve: hilos sueltos, aislamiento dentro del barril, campana ausente o excesiva.

Cuando el programa lo justifica, una micrografía muestra lo que las demás infieren. Es destructiva y lenta, así que corresponde a la cualificación del utillaje y a intervalos acordados.

La disciplina que más importa es la menos técnica: verificar el utillaje según calendario, con los resultados asociados a las órdenes de trabajo que cubren.

— Equipo de ingeniería de GANI Manufacturing